Ayudo a negocios que necesitan contar su diferencia a tener unos

textos auténticos y destacar frente a la competencia.

Mis clientes son pequeños empresarios que venden productos o servicios basados en la diferenciación a los que les cuesta hablar el lenguaje de su cliente y transmitir esa diferenciación de una manera persuasiva, convincente y con su propio estilo de comunicación.

Cuando digo su propio estilo me refiero a su manera de contarlo. Si tu eres una persona graciosa o formal intento que se transmita en tu comunicación. Ayudo a humanizar la marca y a conectarla con quien tú quieres.

Lo hago a través de técnicas como storytelling y la escritura persuasiva.


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El gran problema de los negocios

Hay muchas empresas vendiendo herramientas de comunicación que en realidad no acuden al origen del problema: todo el mundo está diciendo lo mismo, todas las marcas se están comunicando más o menos igual en su web, redes sociales.

El cliente se pierde y a la hora de elegir un producto u otro piensa: ¿Qué más da?

Por eso apuesto por vender tu singularidad, contar una historia de tu marca que conecte con tu mercado. Y ahí los pequeños negocios tienen una gran oportunidad.

Por qué me metí en esta aventura

Monté mi empresa porque me daba cuenta que los ejemplos que se ponían en clase eran siempre de grandes multinacionales, con grandes presupuestos y siempre ocurría en las grandes ciudades. Me di cuenta de que el entorno que me rodeaba no tenía nada que ver con eso. Yo quería que un pequeño empresario, en su día a día, en un entorno local pudiera también ser atractivo, conectar con el cliente y tener una comunicación profesional, moderna y persuasiva.

Mi promesa es que todo el mundo se puede comunicar bien con un buen guía y un poco de práctica.

Pero… ¿quién es Laura Yago?

Si tuviera que resumir mi vida en una frase diría que soy coleccionista de crisis, la que no arde.

  • A veces tengo la sensación de que he topado con todas las crisis posibles. Fui la primera generación que acabó el colegio a los 12 años y empezó la ESO. Pasar al instituto tan pequeña lejos de ser un shock, me lo tomé como algo natural. Pues vale, pues molt be, pues adios. Tampoco fue un drama.

 

  • Al terminar la carrera en la universidad en 2007 te puedes imaginar la que se nos venía encima. Una crisis económica para la que nadie, ni nuestros profesores, estaban preparados. Nos formaron para trabajar en negocios y empresas “de lo nuestro” que estaban cerrando.

 

  • Puedo decir que viví la crisis desde dentro. Los primeros años los pasé trabajando en las áreas de marketing pero sobretodo comercial de varias empresas. Aquello era welcome to the jungle pero aprendí mucho sobre atención al cliente, venta telefónica, venta a puerta fría, marketing, necesidades, o más bien, carencias de las pequeñas empresas. Pero sobretodo, me tocó vivir toda la cultura de la queja y toda la decadencia que la crisis causó en las personas. El entorno era poco amigable que digamos. Yo estuve en el Vietnam de los negocios.

 

  • Ahí fue cuando me di cuenta de que si no tenía un jefe con visión, estaba condenada. Me iba a pasar toda la vida intentando hacer lo que quería en la empresa de otro. Y entonces fue cuando pensé: chica ¿y por qué no te pones por tu cuenta?
  • También viví la llegada de internet. Otra crisis en la manera de relacionarnos. Aún parece que oigo el ruidito del modem conectándose a internet y escuchar a mi padre gritar “salte de internet que tengo que usar el teléfono”. Fuimos la generación bisagra. Aquella que todavía presentaba trabajos escritos a mano. ¿Te lo puedes creer?

 

  • Cuando decidí montar la primera versión de empresa fue con unos amigos. Mi familia esperaba que trabajase para otros pero aquí llegaba yo con un nuevo invento. Otro motivo más para mirarme raro. Esas reuniones familiares intentando explicar lo que hacía mientras veía como saltaba la pantalla azul de windows en sus caras. ¿Y por qué no te haces funcionaria?

 

  • Y por último, creo que formo parte de la primera generación que se lo ha cuestionado todo: comprarse un piso, odiar a tu jefe, casarse, ansiar las vacaciones, tener hijos pronto… Toda una vida condenada a ser una rara avis, pero con una sonrisa. Irónica, pero sonrisa.

Algunas notas biográficas que dicen mucho de mi

⇒ De pequeña me flipaba organizar tenderetes con las muñecas en plena calle. Lo peor es que mientras lo montábamos me inventaba todo lo que iba a ocurrir, la historia, los personajes, la trama venezolana. Luego cuando estaba todo listo, tirabamos todo y saliamos corriendo a jugar a otra cosa.

⇒ Siempre fui la alumna modelo en asignaturas de Historia, Lengua y Literatura. Ya se me daba bien explicarme, argumentar mis ideas y expresarlas de forma ordenada y persuasiva. Pero odiaba cuando los profesores tomaban mis redacciones como ejemplo. ¡Qué vergüenza!

⇒ Ya monté mi primera empresa sobre papel a los 17 años, y la verdad es que la quebré. La profesora de Fundamentos de la Economía me ayudaba con la contabilidad pero no había manera de levantar aquello. Luego monté una segunda empresa ficticia en la universidad con la que gané un concurso. Así que todo apuntaba que montaría la mía algún día.


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