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Hay gente que escribe de forma blandengue…con sutilezas para no romper nada.. y se cree que su cliente tendría que reaccionar a eso.

 

Sus mensajes se derriten como el helado de vainilla en una tarde de verano.

 

Mira, de Santiago Rodríguez leí una vez que para escribir una redacción persuasiva, un texto que esté de puta madre para él, no para ti… tienes que visualizar la siguiente situación. (visualizar cosas viene muy bien para que no se te olvide, y para que muevas el cucu).

 

Imagínate a tu potencial cliente en su salón, cómodamente sentado. Acepta que como está en casa está en su derecho de no levantarse a darte la mano, ni prestarte atención. Si tienes en cuenta que es así, enseguida sabes que entre su hueco preferido del sillón y el mensaje que le ofreces se establece una lucha a muerte entre dos ideas:

qué bien se está sentadito vs. la propuesta que le haces.

 

¿Quién ganará?

 

Bueno, no depende de que te andes con formalidades, sino de que toques la tecla adecuada.

 

De verdad, ¿no te ha pasado nunca? ¿Estar de tiendas y mirar algo que no tenías previsto comprar, pero que de repente sientes que no puedes vivir sin ello?

 

Claro, esto ocurre en un diálogo interno, nunca se lo dices a la dependienta.. no vaya a pensar que estás desequilibrado.

 

Sí, pero no, pero sí…

 

¿Y cómo se hace eso Laura?

 

Bien, conociendo el deseo profundo de tu cliente. Eso que quiere, pero no te dice. Y todos los sectores, y todos los negocios tienen uno clave y varios secundarios.

 

Esto es, de lejos, lo que más cambió mi manera de escribir. Una vez entiendes esto, no vuelves a ver el mundo con los mismos ojos. Es algo así como quitarte una venda y empezar a ver con nitidez y a todo color.

 

Te cuento más en mi niusleter, a todo color. Te apuntas abajo:

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